La caries dental es una enfermedad infecciosa, que consiste en la erosión del esmalte de los dientes y se produce por la presencia de bacterias en la superficie dental, a causa de una mala alimentación y una deficiente higiene bucodental. La caries ataca al diente desde la periferia y progresa formando cavidades, que puede llegar a afectar a la raíz.

Los primeros síntomas son dolor y sensibilidad dental, cambio de coloración del diente, sangrado en el cepillado, halitosis o mal aliento y pérdida o fractura de alguna pieza dental. Ante la aparición de una o varias de estas señales, el paciente debe dirigirse al dentista para evitar consecuencias adversas como la pérdida de piezas dentales.

“Si la caries se encuentra en una etapa muy temprana, el tratamiento con flúor puede ayudar a restaurar el esmalte del diente. Pero si la caries ya ha avanzado, el empaste es el tratamiento que repara la pieza dental dañada e impide que la caries avance y afecte al nervio”, explica la directora de Sermade, Sara Guisado.

Realizar un empaste es un proceso sencillo. De manera resumida, el odontólogo limpia la cavidad provocada por la caries que, a continuación, rellena con un material conocido como composite que se endurece. Si fuera necesario, el dentista aplicaría anestesia local en la zona a tratar para que el paciente no sienta dolor ni molestias.

Especial atención en las personas mayores

“A lo largo de la vida todas las personas somos susceptibles de sufrir caries, pero en el caso de las personas mayores la polimedicación disminuye el flujo salival, aumentando el riesgo de enfermedad periodontal”, señala Guisado.

Por otro lado, según un estudio publicado en el Community Dentistry and Oral Epidemiology, las personas mayores institucionalizadas tienen, frecuentemente, más dificultad para masticar y tragar la comida, lo que provoca que partículas de alimento permanezcan en la boca durante períodos prolongados dando lugar a una gruesa acumulación de placa bacteriana. “Por ello, en este tipo de pacientes es clave una revisión periódica cada seis meses, con el objetivo de detectar a tiempo la caries y evitar los efectos adversos futuros de su tardío tratamiento como son la afectación del nervio y la posterior endodoncia e, incluso, la pérdida del diente en las fases más avanzadas”, subraya Sara Guisado.

Prevenir antes que curar

La Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en que hay factores de riesgo modificables a la hora de tener caries como son los hábitos de higiene bucodental, el consumo de azúcares, la falta de calcio y de micronutrientes y el tabaquismo. Además de determinantes socioculturales, como son una escasa formación y la falta de hábitos relacionados con la salud bucodental. En relación a este último punto, Sermade lleva a cabo una importante labor informativa, a través de los talleres que imparte en las diferentes residencias de personas mayores para fomentar su higiene bucodental.

Durante los talleres, los residentes pueden compartir también sus dudas con el equipo de expertos de Sermade. “Es básico fomentar los hábitos saludables a través de acciones de educación sanitaria, ya que la práctica de higiene oral (cepillado) es la piedra angular de la prevención y el control de las dos enfermedades orales más prevalentes: la caries y la enfermedad periodontal”, afirma la directora de Sermade.

Asimismo, la salud bucal afecta a la calidad de vida y a la salud en general. Por consiguiente, Sermade apoya las siguientes recomendaciones básicas de la OMS para prevenir las enfermedades bucodentales:

  • Seguir una dieta saludable: reducir la ingesta de azúcares y aumentar el consumo de frutas y verduras.
  • No fumar y disminuir el consumo de alcohol (para reducir el riesgo de periodontopatías, pérdida de dientes y cáncer de la cavidad bucal).
  • Realizar una correcta higiene bucal: cepillarse los dientes, al menos, dos veces al día, durante dos minutos, con una pasta dental fluorada.
  • Visitar al odontólogo, al menos, una vez al año.